Una vez dentro del mismo se abalanzó sobre mí y metiendo la mano en el escote sacó los senos fuera y comenzó a juguetear con su lengua hasta lograr erizar los pezones por completo. A poco más de dos copas me empezó a subir por mi cuerpo un calor que parecería que se concentrara en mis mejillas… En un tono de voz suave y relajador me preguntó si tenía calor. Nada sofisticado, apenas un jeans bordado, unas sandalias con algo de tacón, y una musculosa blanca que llevaba impreso en la delantera la palabra sexy en relieve y con brillitos, sencilla pero bonita. Era un silencio único. Introduciendo un par de dedos que supo mover muy bien, metiéndolos y sacándolos y así sucesivamente susurró. Su pija prisionera debajo del jeans me pedía a gritos que la auxiliara. |