En cuanto cerraron la puerta trasera arranqué, rezando porque el compañero que estaba primero en la fila de taxis (al que le hubiese correspondido la carrera) no se mosquease mucho por habérsela quitado. Quiero que entendáis que no soy un cabrón sin entrañas que va por ahí poniéndole los cuernos a su pobre mujer embarazada… bueno, sí que lo soy, pero hay circunstancias atenuantes. Ya habíamos tenido suficiente. Miré a la chica sorprendido, pues no me esperaba que, precisamente ella, tuviera remordimientos. Nuri, sabedora de que le tocaba a ella, se bajó de mi cara, y me ayudó a escapar de debajo del cuerpo de su amiga. Todos nos echamos a reír, poco a poco al principio, pero pronto estallamos en carcajadas incontroladas. |