Me coloqué a horcajadas sobre Natalia, que seguía tumbada sobre el asiento. No – dijo ella en tono bajo – Pero como Natalia se quedaba conmigo…Natalia. Nuestras lenguas danzaban excitadas, mientras las caderas de las chicas bailaban sobre mis dedos. Me alegré, porque la barriada del Puerto de la Reina está en la otra punta de la ciudad, con lo que la carrera iba a ser larga, pero lo mejor no era el dinero que iba a cobrar, sino el largo rato que iba a poder pasar espiando a aquellas dos mozas por el retrovisor, que, obviamente, ya había ajustado adecuadamente para obtener una buena panorámica del asiento trasero. Nuri, mientras aguardaba su turno, se había tumbado en el respaldo del asiento del pasajero, aprovechando la espera para masturbarse lánguidamente. ¿Adónde vamos?A la calle Bosque Verde, en el Puerto de la Reina ¿la conoce?Sí, no os preocupéis, conozco la zona. |