Para servirla. Tenían que limpiar, planchar, cocinar, y hasta jugar con Maiz, el dulce gatito de color ceniza y ojos color miel de la granja san francisco sin aditivos añadidos que el difunto marido de la Señora le regaló a ésta poco días antes de morir. Era un hombre bien plantado y cultivado, con exceso de abono tal vez, pero bien podado, cuarentón, un poco amanerado —no mucho—, y de facciones varoniles y ligeramente atractivas. Fernando Mas Ulloa. Vamos a tener que castigarte…Asustado, el tontorrón de Fernando empujó a los chicas y salió corriendo de la habitación. —¡Por Dios, Señor Mas U…—No. |