pero nada mínimamente para alguien preparado. Para eso me daban un portátil con conexión celular (3G) en esos períodos, para que fuera yo quien controlaba que se enviaban los catálogos y listas de precios correctas a cada contacto que me daban. Juan estaba en la otra punta de la oficina, así que disfruté de mi paseo mientras todas las miradas me recorrían de pies a cabeza en mi paseo ;) Hasta llegar a la mesa de Juan, donde me paré y esperé (modosita) hasta que acabó la llamada que tenía entre manos (bueno, usaba un sin manos, pero eso da igual ahora). Pese a todo, no era fácil, más aún cuando debían ayudarme a conseguir los papeles oficiales de residencia (tenía sólo un permiso temporal de trabajo que me había conseguido un conocido previo pago, pero ahora necesitaba una empresa donde trabajar y que me permitieran convertirlo en permiso de residencia permanente). Bueno, por supuesto, también me hicieron un montón de proposiciones deshonestas (y eso que procuraba ir siempre vestida muy recatada), pero a eso ya estoy acostumbrada. Entró en el despacho y dejó los papeles que llevaba encima de una mesa redonda para reuniones (pequeña, sólo cuatro sillas alrededor). |