Cerraron el trato y el hombre se fue y mi marido se me abalanzó, y abriendome de piernas me empezó a frotar la entrepierna y notó la humedad que había en ellas, te excitaste chiquita, te gustó que te viera, verdad?. El me manoseaba en el cine, en una disco a la que nos gustaba ir y lo mejor para el supongo era cuando en casa daba rienda suelta a su hambre de sexo conmigo, me volví complaciente hasta cierto punto con el, me hacía el amor en la sala, en el baño, en la cocina, hasta en la cochera. Se despidió y se fue, lo acompañé a la salida ya fuera se volvió a mí y dijo que si podía regresar a mostrarme ropa que le llegaría en nunos días y solo le dije que sí. Dime que no te basta una verga, que quieres otra. Todo era calentura de cama, hasta que sucedió algo que realmente cambió esas fantasías a hechos reales que terminaron por hacerme ver que en verdad era una mujer caliente y puta. Yo ya solo gemía estaba entregada, me recostó en el sofá y abriéndome de piernas se puso entre ellas para bajar su pantalón lentamente, disfrutando de lo que veía, una señora casada, con un pequeño baby doll prácticamente enrollado a la cintura, con las piernas abiertas descaradamente enseñando su parte íntima cubierta solamente por el pequeño pedazo de tela que se encontraba incrustada entre ella, un lugar que solamente un hombre en su vida había visto. |