Me llamo David. El escultor que ejecutará la obra en mármol de Carrara, como el de su antecesor, había sido ya elegido por unanimidad, entre los actuales escultores italianos, por un jurado internacional. Me gustó ese apelativo desde que conocí la existencia de un David bíblico durante las clases de catecismo y religión que recibí como preparación para celebrar mi primera comunión. Supe entresacar de todos lo que tenían de lindo tanto interior como exterior y aquella persona me permitía la contemplación de la suma belleza masculina juvenil. Mientras esperaba ansioso, contemplando en los gestos de su rostro la reacción que le estaba produciendo su lectura y antes de admirar la totalidad de aquella beldad, tuve tiempo para enseñorear y dejar volar mi imaginación. Creí correrme con aquella excelsa y sensual visión, pero hice un esfuerzo por evitarlo y seguir disfrutando. |