Entré con mucho temor, y después de dar muchas vueltas, esperando que la gente se fuera, Patricia, al ver mi nerviosismo me preguntó que deseaba. Tome su pene, y comencé a lamerlo, primero con la punta de la lengua en su cabecita, la cual tenía un sabor a orine y a macho sudado, que me desagrado un poco pero que luego comenzó a soltar ese liquido lubricante delicioso que tienen los hombres. Cada paso de mi transformación me excitaba, y a Patricia aun más ya que mientras me arreglaba, se acercaba detrás de mí, recostándome su cuerpo y haciéndome sentir mujercita, mientras ella hacia el papel de hombre con su voz ronca y seductora y sus caricias y besos pecaminosos. Mientras lo hacía, luego de quince minutos, eyaculó dentro de mi boca. Ella me pidió que lamiera sus pies… me sorprendió mucho esa petición, pero al ver mi asombro, me bofeteo y me pidió que lo hiciera. Mientras lo hacía, luego de quince minutos, eyaculó dentro de mi boca. |