Recuerdo que cuando me dirigía hacia la puerta con intención de marcharme, escuché no solo unas voces sino pasos hacía donde yo estaba, seguramente era algún chico con la intención de satisfacerse, y más al ver una puerta abierta habría creído que nadie había en su interior. Salí de la tienda a toda prisa, como sí hubiera hecho algo malo y aún peor con la prueba en una bolsa de haber estado allí, sentía de nuevo esa mezcla de culpabilidad y excitación, por aquella situación tan morbosa que aún así del todo placida. Nada más levantarme, pegué mi desatascador en el suelo de manera que estuviera en un lugar limpio y amplio, al tiempo que me coloque sobre este acabando por arrodillarme lentamente, pues temía que me pudiera producir daño (joder, es muy frió meterte algo sin vida). que si mi escritura, no esta bien redactada, que apenas es legible, que tiene dificultad a la hora de leer o incluso que da mal sentido, a la hora de explicar los placeres obtenidos o sentidos. Al tiempo que presionaba ese objeto entre mis dedos, mantuve mis ojos cerrado mis ojos (joder, no me preguntéis que sentí, pero lo que sí os juro que fue inexplicablemente). Aunque si os debo ser sincera, yo misma me ingenie mi propio amante, uno que me satisficiera sin que pudiera decir palabra alguna, sin que se cansara antes que yo y sobre todo que no me humillara. |