Con pasitos de bebé, la pinga de Alberto abrió más y más el huequito hasta que el vaivén se hizo rítmico y acompasado. De sólo imaginármelos juntos me invadió una ola de excitación y celos. Les quiere, su amiga, Andrea Bonzo… P. Los vestidos y las faldas eran sus preferidos, lo deduje por el número; en segundo lugar se hallaban las blusas, todas con escotes pronunciados; y por último estaba la ropa interior. Primero por encima, acariciando los vellos y el clítoris con paciencia, sin apuros; luego introduje un dedo y examiné la zona alrededor buscando emociones y puntos excitables; por último, la tomé por el pecho, y separándola de mi cuerpo la invité a acostarse con la espalda apoyada en el sofá y el sexo hacia arriba listo para ser penetrado. Primero le di un par de lamidas rápidas, para probarlo, luego lo restregué por mi sexo y por mi ano, y por último, me detuve ante semejante arma, apoyé las rodillas en el sofá y de espalda a Carlos fui dejando que el güevo entrara en mi huequito de a poco. |