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LO QUE SE VAN A COMER LOS GUSANOS I Sabiendo que era observada, desde la parte superior de la loma me di vuelta mostrándoles mis nalgas, al igual que mí coño
Lo que se van a comer los gusanos, que lo disfruten los humanos.
Cuando escuché esas palabras por primeras vez, fue en boca de una tía mía, que
según mi madre, entre la familia tenía fama de ser medio puta. La verdad es que
la frase me gustó, pero no fue hasta que después que cumplí los 18 años, que le
encontré el verdadero sentido con que mi tía la usaba.
Me encontraba en espera para entrar a la Universidad, cuando recibí una
invitación del Club de Ciencias para ingresar. La verdad es que marqué ese
interés, por poner algo. La invitación era para ir a realizar una observación de
una lluvia de meteoritos, para lo que había que ir a las afueras de la ciudad,
yo realmente no pensaba asistir, pero mi padre que fue el que recibió la
llamada, aceptó en mi nombre por lo que ya no me podía negar, así que cuando
Mario, el ratón de biblioteca a cargo del proyecto, me pasó a buscar, no tuve
más remedio que acompañarlo, fue cuando me enteré que mi padre había sido
miembro fundador de ese condenado Club de Ciencias.
De más esta el decirle que me encontraba aburrida como una ostra, mientras que
los cinco miembros del grupo incluyendo al tal Mario, estaban tan excitados por
lo de la lluvia de meteoritos, que me pareció una soberana estupidez. Fue cuando
las palabras de mi tía pasaron por mi mente. Lo que se van a comer los gusanos,
que lo disfruten los humanos. Así que con toda la intención, mientras que ellos
cinco exploraban los cielos, yo sufrí un pequeño accidente. Podrán creerme que
pasando por un riachuelo cercano, perdí el equilibrio y fui a dar a una charca
donde me embarré toda. Tal como estaba me acerqué al grupo, el que por lo visto
ninguno se dio cuenta de lo que me había sucedido, es más ni se dieron cuenta
del estado en que estaba mi ropa, ya que cuando les dije que por favor no me
fueran a ver, mientras me sacaba el barro y lavaba mi ropa, ni se inmutaron ya
que tenían sus ojos pegados a sus respectivos telescopios.
Pero algo que he aprendido en mi vida es que basta que le pidas a una persona
que no haga algo, que eventualmente terminará haciéndolo, intentándolo, o por lo
menos pensando en eso. Gracias a que era una calurosa noche de verano, volví a
ir al riachuelo y como si estuviera por completo sola, comencé por ir quitándome
lentamente la ropa y de inmediato me ponía a lavarla y a colgar cada una de las
prendas que me quitaba. Lo primero de lo que me despojé fue de mi camiseta,
quedándome en sostén. Al principio no me fijé en mis compañeros, pero de momento
que decido dar un furtivo vistazo al lugar donde ellos se encontraban y como me
lo supuse, ya la lluvia de meteoritos había dejado se ser de su interés. Los
cinco telescopios se encontraban completamente dirigidos, a la charca donde me
encontraba.
Para esa época todavía era algo delgada y mis senos aunque parados no eran tan
llamativos como hoy en día. Pero a pesar de eso, podía sentir las miradas de
todos ellos sobre mi cuerpo, únicamente iluminado por la claridad de la luna
llena que parecía un foco resplandeciente sobre mí. Durante la mayor parte del
tiempo les había dado la espalda, hasta que encontré una pequeña peña, donde me
senté casi totalmente frente a ellos.
Lo segundo que me quité fue el pantalón corto que estaba usando en esos
momentos, al igual que a mi camiseta le retiré el barro y tras lavarlo con
bastante agua, lo colgué en la misma rama, por lo que me quedé con mis pantys
medias y sostén. Con toda la intención y acordándome de las palabras de mi tía,
al principio permanecí, con mis piernas cruzadas, mientras que con mis manos me
iba retirando el barro de mis piernas y del resto de mi cuerpo, hasta que
lentamente me despojé del par de medias blancas que se encontraban completamente
llenas de barro, las lavé y colgué de la manera más seductora que pude. Es
increíble lo que una persona puede escuchar, cuando se concentra y ahí el
silenció suficiente. Lo digo por que a pesar de la distancia que nos separaba,
que sería como de unos cien metros, con casi total claridad podía escuchar sus
comentarios, al parecer ellos pensaban que me encontraba tan lejos que no los
escucharía.
Decían cosas como. Mira esta se ha vuelto loca; será flaca pero esta buena;
lastima que parece que ya terminó de lavar su ropa, si por lo menos se quitase
el sostén, mientras que otro decía y las pantys. Fue cuando escuché esas
palabras que haciéndome la desentendida, con toda mi santa calma me despojé de
mi sostén que aunque no estaba manchado de barro por hacer algo de tiempo
también lo lavé y colgué al igual que el resto de mi ropa. Sus murmullos los
seguía escuchando a lo lejos, por lo que nuevamente sin prisa alguna comencé a
irme bajando mis pantys, tras quitármelas y lavarla completamente agachada, lo
que no les permitía ver nada, me paré de golpe, separé mis piernas y continué
lavando mi cuerpo, en particular mi coño, el que con toda intención acariciaba e
introducía mis dedos repetidas veces, hasta que yo misma me produje y alcancé un
sabroso orgasmo.
Sabiendo que era observada, desde la parte superior de la loma. Luego como para
rematar, me di vuelta mostrándoles mis nalgas, que al igual que mí coño, las
lavé de manera bien seductora. A medida que iba haciendo todas esas cosas, los
seguía escuchando, hasta que me pareció que dejaron de hacer comentarios. Un
silencio sepulcral, fue seguido por profundos gemidos de parte de todos ellos.
Después de eso volví a tomar mi ropa, la exprimí lo mejor que pude, la guardé
dentro de mi morral y me puse otra que había llevado.
Cuando regresé al punto de observación, los cinco estaban como idiotizados,
recogieron sus telescopios y regresamos a casa. Durante todo el camino nada más
los escuché hablar sobre la constelación de Casiopea, que si por las piernas de
Casiopea se encuentra un hoyo negro que era del interés de todos ellos. Al
parecer ellos se creían que yo no me había dado cuenta, de que desde que me
desnudé en la charca, cambiaron por completo la orientación de sus aparatos.
Desde esa ocasión me volvieron a invitar en infinidad de ocasiones, pero la
verdad es que me parecieron tan niños, que no me quedaron ganas de hacer otra
travesura como esa, si por lo menos uno de ellos hubiera bajado a la charca,
quizás sería otra cosa, pero como no lo hicieron se lo perdieron.
Autor: Narrador narrador (arroba) hotmail.com