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ESPIANDO A MI MADRE Desde la puerta del comedor yo veía cómo bailaban las gordas tetas de mi madre mientras el vecino la cogía agarrándose a sus caderas y manoseando el gordo culo de ella
Esto empezó un día cuando, al llegar a casa, vi a nuestro vecino Arturo en la
cocina hablando con mi madre. Arturo es un vecino nuestro de escalera y él y su
mujer se han llevado siempre muy bien con nosotros, así que no era sorprendente
que estuviera en casa con mi madre; lo sorprendente era que estuviera
diciéndole: - Tenés un culo buenísimo vecina, y ya sabes que tengo ganas de
gozar con él sea como sea. Mientras le decía esto él estaba tocándole el culo
suavemente por encima del vestido, aunque sus caricias abarcaban todo el orto de
ella.
Ella se reía y le decía que no estaba hecho su culo para él, pero no ponía
ninguna resistencia a que el vecino siguiera tocándole el trasero. Ellos no me
vieron y yo me metí en mi habitación. No era extraño que le gustara a nuestro
vecino, lo que sí me sorprendió más, fue la familiaridad con que éste le tocaba
el culo. Era evidente que no le molestaban en absoluto los toqueteos del vecino
y se dejaba acariciar sin protestar.
Todo eso a mí me daba bronca, celos y excitación, pero por mi mente cruzaba la
idea de que si ellos eran amantes, yo tendría más posibilidades de espiar a mi
madre con Arturo el vecino, dado que los departamentos de ambos están pegados, y
que ellos no podrían coger en la casa de él porque ahí estaba Marcela la mujer
de él.
El sábado siguiente Arturo y su mujer pasaron por casa a tomar café y a ver por
TV, el partido de fútbol de Independiente, club del cual somos hinchas, como
solemos hacer a menudo. En un momento dado Arturo fue a la cocina, donde se
encontraba mi madre preparando una picada y agarrándola por detrás empezó a
sobarle las tetas mientras ella reía y le decía que parara, que en la sala
estaban su hijo y la esposa de él, que si alguno iba a la cocina los podrían ver
y se iba a armar un quilombo. En aquel momento yo estaba en el pasillo y vi toda
la escena. Mi madre llevaba una bata y Arturo se la levantó para acariciarle el
culo, dejándole los cachetes del culo al aire. Mientras la acariciaba, le
refregaba su bulto, y no dejaba de alabar su cuerpo y de decirle que la deseaba.
Ella reía halagada pero terminó separándose del vecino para llevar la picada al
comedor. Al salir de la cocina vio cómo yo entraba en mi cuarto. Debió pensar
que yo habría visto algo de lo que había ocurrido porque cuando los vecinos se
hubieron ido y estábamos ella y yo solos me dijo, como sin darle importancia, si
había visto antes lo pesado que se había puesto Arturo en la cocina.
- Sí, ya lo vi, y no me extraña porque sos una mujer que está muy buena. Es
normal que te salgan admiradores, le contesté así, para alentarla a que saliera
con él, por los motivos que ya expliqué antes.
Ella se rió y le aconsejé bromeando que fuera más discreta con sus admiradores.
Días más tarde al subir a casa me crucé con ellos en descanso. El vecino le
hablaba al oído y ella se reía. Al entrar en casa le dije, también bromeando,
que Arturo iba a terminar llevándosela al hotel y que hacía bien en insistir
porque estaba muy buena. Al decirle esto me atreví también a darle una palmada
en el culo. Mi madre se rió y no me dijo nada.
Ella se cambió en su habitación para ponerse la bata que suele llevar en casa y
se olvidó de cerrar la puerta, dejando la misma algo entreabierta. Al hacerlo
pude ver que se quedó en bragas y sujetador. Se apreciaban perfectamente sus
gordas tetas, sus muslos torneados y su redondo y gordo trasero. Bajo sus
braguitas blancas se veía el vello de su pubis, se marcaban perfectamente sus
labios vaginales y se adivinaba un tajo grande y lleno de pelos.
Cuando salió de su habitación me dijo que el tema del vecino debía quedar entre
nosotros.
- Que sea un secreto entre madre e hijo porque si se entera la esposa de Arturo
de esto, se va a armar un lío bárbaro, y para qué romper un matrimonio, ¿no te
parece?, esto es algo pasajero, es una aventurita nada más, es algo para
sacarnos las ganas, vos sabes que desde que rompí con mi novio hace un par de
meses, no salgo con nadie, y una tiene sus necesidades, ¿entendés?
¿Que no salía con nadie?, Me daban ganas de decirle lo que era, y que no me
viniese con mentiras, que yo la había visto con toda clase de tipos, incluso de
la familia. Pero me tragué la bronca y por qué no decirlo esa especie de celos
que tenía, porque las ganas de verla coger con el vecino eran más fuertes, por
tal motivo yo le garanticé total discreción, aunque ya no pude sacarme de la
cabeza la imagen de mi madre medio desnuda delante Arturo tocándole el culo.
Esa tarde, cuando me disponía a salir para ir a la universidad sonó el teléfono
y atendí yo. Era Arturo que preguntaba por mi madre para darle un mensaje de su
mujer. Le pasé el teléfono y me fui. Estaba seguro de que esa misma tarde
pasaría algo entre Arturo y mi madre así que salí de clase antes de lo
acostumbrado y entré a mi casa sigilosamente, al acercarme al comedor oí voces.
Miré desde el pasillo por la puerta entornada y vi a mi madre y a Arturo
sentados en el sofá.
Mi madre estaba con la bata completamente abierta y con las tetas al aire por
encima del corpiño. El vecino se las tocaba y chupaba como loco. Luego ella
desnudó al hombre para arrodillarse ente él y empezar a chuparle la poronga.
- Tenía muchas ganas de que me comieras la verga, puta. ¡Qué gusto! Seguí, seguí
así, reventada.
Mi madre se la estuvo chupando un buen rato hasta que él le dijo que se
levantara, que la iba a coger. Ella se incorporó relamiéndose y se quitó la
bata, el sujetador y la bombacha mostrando su peluda concha. Se puso en cuatro
patas en el suelo y el vecino se puso detrás para empezar a cogerla. Se la metió
de un golpe y empezó el mete-saca. Desde la puerta del comedor yo veía cómo
bailaban las gordas tetas de mi madre mientras el vecino la cogía agarrándose a
sus caderas y manoseando el gordo culo de ella. Entre suspiro y suspiro ella le
decía que estaba gozando mucho, que hacía mucho que no sentía una polla como la
de él y que llevaba tiempo deseando que él se la metiera.
Siguieron cogiendo un buen rato y yo cada vez estaba más excitado, tenía la pija
completamente parada y no pude aguantarme; me la saqué y empecé a pajearme.
Además, para no perder detalle, me atreví a abrir un poco más la puerta de la
sala, porque desde mi posición sólo veía la cara de gusto de mi madre sacando la
lengua en señal de vicio y el movimiento de sus gordas tetas.
- Arturo, seguí que tengo la concha ardiendo y necesito tu pija.
Entonces él se acomodó mejor y le bombeaba más fuerte y al mismo tiempo le metía
un par de dedos en el culo, ella le dijo que por ahí no, sacó los dedos del orto
de ella y comenzó a apretarles y morderles las tetas.
Él no se pudo contener más, se la sacó de la concha y se corrió en su cara y su
boca sin poder contenerse, mientras le amasaba sus estupendas tetazas. Después
era ella la que orgasmaba entre gemidos justo cuando el vecino le mordió
fuertemente uno de sus pezones, a tal punto que creía que se lo iba a arrancar.
Se levantaron y el vecino le dijo que tenía que irse pero que esperaba la
próxima vez poder gozar el culo de mi madre, que ese era su sueño.
Autor: Gustavo becker