Jovenes, sexo joven, Sexo jovencitas, sexo gratis, fotos de sexo joven, videos de jovencitas, fotos de jovenes ,series diarias de sexo joven, jovenes, sexo amateur joven, sexo y videos, porno joven, porno jovencitas
|
¿ Quieres ver
fotos mas atrevidas?... hablar con ellas en directo... decirles que se
desnuden para ti......
|
NOCHE DE LA NOSTALGIA Y ALGO MÁS Perdí la noción del tiempo hasta que sentí como una verga desconocida se metía en mi concha y empezaba a cogerme con mucha fuerza
Mi nombre es Marcela y tengo 37 años. A los 23, conocí a mi actual esposo,
Alejandro, quien por ese entonces tenía 25 años. Hoy llevamos casi doce de
casados. Cuando empecé a salir con Alejandro, yo era virgen. Si bien había
tenido una relación anterior con alguien, yo era bastante reprimida y al no
estar segura de esa relación, no pasamos de besos, toqueteos en mis pechos y
roces furtivos en la entrepierna con las ropas puestas, notando la dureza de su
pene y mi calentura vaginal pero sin llegar a tener sexo.
Con Alejandro, todo ha sido diferente. Además de amarnos muchísimo, de a poco me
fui desinhibiendo y el sexo pasó a ser parte primordial de nuestra relación y de
nuestras vidas. Ale me enseñó a complacerlo y me ayudó a conocerme a mí misma.
Me hizo a su medida pero también hizo que yo me despertara sexualmente y fuera
teniendo mis propias iniciativas.
Mientras le seguía en todo, iba disfrutando muchísimo en satisfacerlo y en
lograr mi propia satisfacción. Fuimos venciendo mis barreras con besos y con
caricias, que recorrían todo mi cuerpo y que me hacían estremecer, con su lengua
en mis pechos, en mi sexo, en mi culo. La primera vez que tuve su pene en mis
manos le daba pequeños besos con mis labios para después lamerlo y chuparlo como
nunca había imaginado que pudiera hacerlo.
Algún tiempo después, me encantaba sorprenderlo y se lo empezaba a mamar sin
previo aviso, todavía hoy me encanta sentir como se va agrandando y endureciendo
dentro de mi boca y chupárselo hasta tragarme todo su semen. Fuimos pasando de
tener relaciones en el coche, en algún lugar solitario bien oscuro o en mi
dormitorio cuando estábamos solos en mi casa, a coger desaforadamente en
cualquier lugar y a cualquier hora, en nuestra casa o en alguna playa solitaria
a plena luz del día, o en el balcón de la cabaña de La Paloma, balneario en el
que veraneamos, o en algún otro lugar público como un parque o un cine; por las
mañanas (después de una resaca, mejor), por las tardes (si es al sol, mejor), en
las noches, o sorprendiéndolo de madrugada mientras duerme.
Me encanta posar desnuda en la playa para que Ale me saque fotos eróticas,
sugestivas, antes de cogerme o que me filme mientras bailo, me desnudo y me
masturbo hasta tener un orgasmo. Hago memoria y me sorprendo de los límites que
hemos traspasado, de las muchas fantasías que hoy son realidades incorporadas a
nuestra vida sexual.
Con el nacimiento de nuestras hijas, el erotismo fue quedando un poco de lado,
aunque cada tanto nos hacemos alguna escapada con algún viaje y ahí recuperamos
la pasión y el morbo. Pero algunas fantasías, aún hoy, siguen siendo eso,
fantasías. Por ejemplo, si bien somos exhibicionistas, no tenemos la certeza de
que alguien nos haya visto mientras cogemos.
Otra fantasía es incorporar un tercero o una tercera en nuestra cama o
participar de una orgía, temas que hemos hablado, que nos excitan mucho, pero
que no hemos concretado aún. Mi fantasía más recurrente es tener sexo con más de
un hombre, además de mi esposo obviamente. La suya es coger conmigo y con otra
chica simultáneamente o con otra pareja. Sin embargo, hace algunas semanas
tuvimos un encuentro que hasta ese día nunca habíamos experimentado.
Sábado a la noche, noche de la nostalgia en nuestro país, y muchas parejas que
salen a recordar tiempos pasados en cuanto sitio para salir existe. Nosotros no
fuimos la excepción y fuimos a cenar y a bailar.
Ya entrada la madrugada, y después de bailar lentas durante un buen rato
decidimos seguirla solos en otro lado. Nos subimos al auto y como era una noche
relativamente fría, le pedí a mi esposo que pusiera la calefacción del coche.
Mientras íbamos andando sin apuro por la rambla costanera, entré en calor y me
saqué el abrigo y lo puse en el asiento de atrás. Casi inmediatamente mi esposo
apoyó su mano en uno de mis pechos y me preguntó:
"¿Quieres ir a mirar el amanecer al Faro y seguimos recordando viejos tiempos?"
El Faro es el besódromo más popular de nuestra ciudad. La propuesta me gustó así
que contesté que sí y mientras íbamos yendo nos fuimos poniendo a tono. Me
acerqué lo más que pude a él mientras conducía, y deslicé mi mano por la pierna
de Ale hasta notar que su verga se le estaba poniendo dura.
Mientras con una mano iba acariciándole el cuello y la cabeza, con la otra mano
le iba desabrochando el cinturón del pantalón. Cuando el auto se detuvo en un
semáforo, me incorporé un poco hacia él y lo besé apasionadamente, mientras él
me acariciaba nuevamente mis pechos, aún por encima de mi blusa, hasta que los
bocinazos del conductor del auto que paró al lado nuestro y que nos estaba
viendo nos hizo arrancar otra vez. Entonces me saqué las botas y el pantalón y
mandé todo para el asiento de atrás. Mientras él iba manejando, me ordenó:
"Desnúdate. Quiero que te vean de afuera mientras te sacas la blusa y el
sostén".
Si bien era tarde en la madrugada, muchos autos circulaban por las iluminadas
calles, así que no me animé a hacerlo y opté por quedarme con la tanga y sacarme
el sostén sin quitarme la blusa, con lo cual si alguien me veía era obvio que se
iba a dar cuenta de lo que estaba haciendo por los movimientos notorios que
tenía que hacer. De esa manera mis pechos quedaron desprovistos del sostén y el
morbo dentro del auto aumentó aunque no pude darme cuenta si alguien de afuera
se percató de lo que yo hacía. Sin perjuicio de eso, quedó registrado en mi
mente el comentario sobre exhibir mis pechos y eso me calentó.
Una vez que quedé sin el sostén, el cual también mandé hacia el asiento de
atrás, me puse de costado sobre el respaldo del asiento del acompañante, muy
cerca de mi esposo y le acariciaba su verga por sobre el pantalón primero y
después por adentro, notando que ya la tenía completamente dura.
Avanzamos unas cuadras más, manejando él con su mano izquierda y con su mano
derecha manoseándome el culo y subiéndome cada tanto la blusa por la espalda o
metiéndome un dedo por la raya del culo hasta llegar al ano mientras yo
alternaba entre pajearlo lentamente y acercando mi boca hacia su glande,
rozándolo con mis labios y mojándolo con mi lengua. Yo seguía calentándome, ya
estaba empezando a necesitar algo más y como él no podía darme nada hasta no
detenernos me acomodé en el asiento y empecé a meterme uno de mis dedos por
debajo de la tanga y a acariciarme el clítoris.
Cuando llegamos al besódromo, no faltaba mucho para que amaneciera así que la
oscuridad no era tan profunda. Ambos estábamos bastante calientes. Como siempre,
se veían algunos autos estacionados y nos dirigimos hacia un lugar sobre la
orilla del mar, quedando entre dos autos, a unos ocho o diez metros de cada uno
de ellos, y mirando hacia el mar. Ni bien estacionamos el coche, notamos que el
auto que estaba a nuestra izquierda se va, por lo que del lado de Ale el auto
más próximo estaba a una distancia de treinta metros. En cambio, el que estaba
de mi lado permanecía estacionado a poco menos de diez metros.
Comenzamos a besarnos, yo recostada sobre el respaldo del asiento, él encima
mío, con una mano recorriendo mis pechos y la otra debajo de mi culo, con un
dedo tratando de entrar en el ano y luchando contra la tanga. Yo lo dejaba
hacer, disfrutaba sus besos, ahora con sus dos manos abajo, provocándome mis dos
agujeros, frotándome el clítoris y rozándome el ano.
Mientras, miraba hacia afuera y a ninguna parte, y fue en ese momento que desde
el auto más cercano bajó un hombre, se dirigió hacia la orilla delante de ambos
autos, y sin ningún tipo de pudor, se bajó los pantalones y empezó a orinar. Ale
no se dio cuenta de eso pero yo no sacaba la vista del desconocido. Miré hacia
el interior de su auto que había quedado con la puerta abierta y comprobé que
estaba solo.
El desconocido era muy alto, tenía una espalda ancha y se notaba que era flaco y
con un buen trasero. Cuando terminó, se puso de perfil a nuestro auto y
obviamente lo primero que le miré fue su pene, mientras lo sacudía. Entre que
Ale, quien ya me había sacado la tanga, tenía su lengua dentro de mi concha
moviéndose deliciosamente y yo que estaba mirando un tipo que parecía muy
atractivo y que estaba semidesnudo, con su miembro afuera, a pocos metros, mi
excitación aumentó al punto de contarle a Ale lo que estaba pasando afuera y
agregar:
"¡Cómo me gustaría que viniese y se metiera acá con nosotros!" recordando además
sus palabras que habían quedado grabadas en mi mente.
Mi esposo, sin levantar la cabeza de entre mis piernas, acercó su mano al botón
del vidrio automático de mi ventanilla y éste empezó a bajar unos centímetros.
"Estás loco, mi amor. ¿No te vas a arrepentir?" le pregunté entre gemidos.
Sin apartar mucho su lengua de mi sexo bajó un poco más el vidrio, llegando
hasta la mitad por lo que imaginé que estaba de acuerdo. El desconocido se
acomodó el pene y se subió el pantalón, yo lo seguí con la mirada y cuando se
acercó a su auto y antes de subirse miró directamente hacia donde yo estaba y se
quedó con la puerta abierta, mirando hacia nuestro auto. Ahí decidí dar un paso
más y le pedí a Ale que empezara a cogerme, a la espera de la reacción del
hombre cuando lo notara.
En ese momento mi mente deseaba que se metiera dentro del auto y que ambos me
cogieran por todos lados. Pero volvió a suceder algo que no era una novedad. La
palanca de cambios del auto nos molestaba. Y la de un VW Golf no es muy chica
que digamos.
"Me había olvidado de esta incómoda palanca, vamos para el asiento de atrás" me
dijo Ale.
Mientras él se subía el pantalón y se bajaba del auto para pasar al asiento de
atrás, yo estaba tan caliente que cuando voy a pasar para atrás me quedé sobre
la palanca y empecé a rozarla con mi clítoris y a apoyarla cada vez más sobre mi
concha, que estaba muy abierta. Cuando Ale entró nuevamente al auto, yo estaba
hincada en mis rodillas, con una pierna en cada asiento, de frente a él, con la
punta de la palanca completamente mojada por mis jugos y muy excitada.
Miré hacia el costado y veo al desconocido que había prendido un cigarrillo y
fumaba, mirando atentamente hacia nuestro auto. Desde el asiento trasero, Ale,
al verme lo que estaba haciendo, se bajó nuevamente el pantalón y el slip,
empezó a tocar su verga y poco menos que me rogó:
"Quiero que te la metas toda, mi amor, y no dejes de mirar al tipo de afuera."
"Está muy grande, me va a lastimar" le contesté pero mi excitación era tal que
mi concha se agrandaba más y más, así que me empezó a calzar cada vez mejor. Me
gustaba tanto que me la fui metiendo toda. Me movía lentamente hacia arriba y
hacia abajo mientras miraba a Ale que seguía pajeándose y al desconocido que
seguía fumando.
"La blusa, mi amor, para afuera, por favor" me pidió mi esposo.
Si lo hacía, mis pechos quedaban expuestos directamente a la vista de nuestro
espectador pero a esa altura era justamente lo que yo quería así que obedecí y
me saqué la blusa sin demorar ni un segundo más y la tiré para afuera por la
ventanilla. Me apretaba mis senos y mis pezones fuertemente, después los soltaba
para que el tipo pudiera apreciarlos y desearlos, gemía, me movía para todos
lados como loca, ya sin control y sin saber qué iba a pasar pero ya no podía dar
marcha atrás.
Me calentaba que me observara sin acercarse, y si bien me enojaba, era como si
se hiciera rogar y eso me excitaba más. Decidí dar un nuevo paso y me estiré
para bajar totalmente el vidrio de la ventanilla. Ahora sí mis senos quedaron
totalmente expuestos, de frente a él. La penumbra me permitió ver que era flaco,
moreno, más de 1,90 m., de unos 30 años. Mi improvisado consolador se me salió
pero ya no lo quería más y mientras me introducía mis dedos, el tipo tiró el
cigarrillo, y por fin, empezó a caminar hacia nuestro auto. Mi esposo se
apresuró a preguntarme si estaba segura de seguir adelante.
"Sí, por favor" - dije ¿y vos?". "También, mi amor" - me contestó.
Entonces rápidamente me puse en posición de cuatro patas, con las rodillas en mi
asiento, con el culo hacia la puerta, con la cabeza apoyada sobre uno de mis
brazos en el asiento del conductor y con los dedos de la otra mano refregándome
el clítoris. Cerré los ojos y esperé. Apenas escuché el ruido de la puerta al
abrirse, noté como unas manos grandes se apoderaban de mis nalgas primero y de
mi concha y de mi culo después, sustituyendo mis dedos por otros más grandes y
más fríos.
Mientras yo no dejaba de apretar sus dedos con mi concha y con mi culo, con la
cabeza hacia abajo y sin mirar hacia atrás, me pareció escuchar a Ale algo de un
condón y ya perdí la noción del tiempo hasta que sentí como una verga
desconocida se metía en mi concha y empezaba a cogerme con mucha fuerza.
Yo estaba descontrolada, me movía para adelante y para atrás al igual que lo
estaba haciendo el tipo. No sé cuanto tiempo pasó pero sí sé que me cogió como
si me fuera a partir en dos con cada embestida, me atraía hacía él tomándome de
los pechos, haciendo que mis piernas y mi culo casi salieran del auto sin
despegarse de mí, para luego tirarme otra vez sobre los asientos, con fuerza,
casi salvaje.
Sentí como temblaba y se contorsionaba en el momento en que acabó y luego como
dejaba de moverse, lentamente, mientras acariciaba mis nalgas, ahora más
suavemente. Se desprendió de mí, algo nos dijo pero no pude oír. Y se fue sin
decir más nada. Y si bien no era lo que hubiese querido antes, en ese instante
dejé que se fuera, sin mirarlo siquiera y le pregunté a Ale:
"¿Se fue? ¿Qué hace?". "Se está yendo" - me contestó.
Escuché como se prendía el motor de un auto y se alejaba, quedando solos Ale y
yo. Pasó un rato y lo miré a Ale, en el asiento de atrás, con su verga, la mano
y sus piernas llenas de semen, y yo completamente desnuda, y antes de que me
enfriara, pasé para el asiento de atrás y me acosté encima de su cuerpo, y nos
empezamos a besar dulcemente en la boca.
Comencé a moverme, mojándome con su semen y después de unos minutos refregándome
el clítoris sobre su verga, todavía con cierta dureza, llegué a un orgasmo
inolvidable como pocos.
Abrazada a mi esposo, sintiendo su piel y sus manos que me acariciaban, me quedé
inmóvil y mientras amanecía, me quedé dormida.
Autor: Marce