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MOTEL DE CARRETERA Yo grababa en video lo que hacían aquellas parejas y me parecía magnífico; era increíble lo que se podía hacer en el terreno sexual, me masturbaba contemplando aquellas imágenes
Voy a relatar sucesos acaecidos durante cierta etapa de mi vida. Se trata de mi
juventud, de la época de la adolescencia. Vivía con mis padres y era hijo único.
El negocio familiar era un restaurante de carretera que empezaba a tener cierta
dificultad para funcionar pues cada vez se detenían menos pasajeros a comer.
Cuando yo nací el restaurante si llegó a funcionar con éxito, incluso había
empleados: una cocinera, un camarero, aparte de mis padres, que también
trabajan. Como he dicho, cuando yo ya era un jovencito el restaurante empezaba a
dar escasos ingresos. Sólo atendían el negocio mi padre y mi madre, y yo, que de
vez en cuando echaba una mano.
He de decir que fui un niño mimado y no me faltó de nada nunca; además mis
abuelos tanto maternos como paternos me enviaron siempre y muy a menudo toda
serie de juguetes y caprichos, pues decían que un niño sólo viviendo en un
restaurante de carretera se aburriría mucho, y no les faltaba razón. Últimamente
me interesaba mucho la electrónica y gracias a los regalos y al dinero que me
daban mis abuelos monté todo un equipo de sonido, micro cámaras, altavoces de
escucha miniaturizados, pantallas de televisión, grabadoras, videos, etc.
Mis padres no se metían mucho en lo que yo hacía con este equipo y además no
entendían una sola palabra de cómo funcionaban o para que servían. Es fácil
imaginar que uso le di, porque el negocio, además de restaurante también
funcionaba como motel y se alquilaban habitaciones. Así que coloqué cámaras de
video y equipos de escucha en todos los dormitorios del motel, incluido el de
mis padres.
De ese modo despertó mi curiosidad y mi interés por la sexualidad. Pronto me
convertí en un voyeur empedernido. En el motel se detenían algunas parejas
(desgraciadamente pocas para satisfacer mi vouyerismo y para ganar dinero en el
negocio familiar). Yo grababa en video lo que hacían aquellas parejas y me
parecía magnífico; era increíble lo que se podía hacer en el terreno sexual.
El material grabado lo archivaba y he de decir que años más tarde lo empleé para
realizar cine porno amateur, negocio del que vivo y muy bien por cierto, pero
eso es otra historia. Me masturbaba contemplando aquellas imágenes pero vuelvo a
repetir que eran escasas las parejas que se paraban allí a pernoctar, fue por
eso que me centré en las relaciones sexuales de mis padres, las cuales, en
comparación con las que había tenido ocasión de contemplar en otras parejas,
dejaban mucho que desear.
Mis padres eran muy sosos en la cama, pero poco a poco me di cuenta que mi madre
no era la responsable de ello; al que le faltaba vigor y pasión sexual era a mi
padre. Yo me contentaba con ver desnuda a mi madre, que por entonces tendría
unos treinta y cinco años y estaba muy bien de cuerpo. Morena, guapa, de buenas
tetas, de un tupido coño pleno de vello púbico...
Era la ninfa de mis pajas. Aunque oía las conversaciones de mis padres, nunca
escuché a mamá echarle en cara a papá la falta de vigor sexual, pero no tardé en
comprobar que la mayoría de las veces quedaba insatisfecha, pues papá la sometía
a practicar un sexo convencional y carente de morbo. Me excitaba ver cómo,
después de que papá le echase un polvo rápido y vacío de gozo, mamá se retiraba
a otra habitación para masturbarse en solitario.
Esa costumbre en ella me fascinó: ver cómo se introducía en su vagina un plátano
o un pepino me volvía loco. A pesar de que papá y mamá follaban muy de tarde en
tarde, ella se quedó embarazada.
Esa noche no había nadie en el restaurante y yo me retiré a mi habitación a
entretenerme con mi equipo de imagen y sonido. En una pantalla observé lo que
ocurría en el restaurante: el camionero quiso hablar con papá en privado y yo lo
oí todo. Goyo, que así se llamaba el camionero, preguntó a papá si podía
contratar los servicios de una prostituta y traerla consigo al dormitorio del
motel; que si hacía falta pagaría más por poder utilizar el dormitorio para esas
necesidades.
Mi padre se negó rotundamente diciendo que en su casa ese tipo de cosas no
estaban permitidas. A mi me fastidió mucho porque quería ver a aquel hombre de
apariencia de semental en acción con una hembra y además, según dijo, estaba
dispuesto a pagar una fuerte suma de dinero, y eso hubiera venido fenomenal a mi
familia. Todos se retiraron a dormir. El camionero salió al balcón de su
dormitorio a fumar un cigarro. El pobre hombre tenía unas ganas terribles de
follar, lo había dejado claro. Papá y mamá estaban en su cama, lo veía en uno de
mis monitores.
Papá se quedó dormido muy pronto y mamá aprovechó la ocasión para ir al despacho
de papá y masturbarse como a veces tenía por costumbre. Su embarazo la hacía más
bella y apetecible. Me dije a mi mismo que la situación era curiosa: por un lado
Goyo el camionero con ganas de follar y por otro mi madre masturbándose. De
repente tuve una idea y no dudé en llevarla a cabo.
Salí afuera y vi a Goyo en el balcón; no tuve timidez y le pregunté que si tenía
ganas de follar y qué cuanto pagaría por ello. A él le extraño mi pregunta pero
su deseo era tan fuerte que sintió interés por el asunto. Me dijo la suma de
dinero que ofrecería. Regateé y pedí más, consiguiendo que elevase la cifra
hasta convencerme, entonces le dije donde estaba el despacho de papá y le animé
a ir pues mi madre le esperaba.
Eso era mentira, claro, mi madre no le esperaba, pero era un riesgo que debíamos
correr. Así que Goyo me pagó el dinero convenido y fue hacia el despacho. Yo me
fui inmediatamente a mi pantalla a ver que ocurría allí.
Tenía la esperanza de contemplar un bello espectáculo..., pero lo que ocurrió lo
contaré más adelante.
Autor: ratsss