DELIA, LA DUEÑA DE LA PENSION Debo reconocer que debí masturbarme y lo hice mirándola e imaginando que estaba a su lado en la bañera, besándola apasionadamente, tomándola por su vientre y chupando sus pezones de forma indefinida
Fue en la primavera, mi pasión es el fútbol tanto que jugaría todo el día sin
parar tengo actualmente 27 años, hace cinco años tenía 22 y fui a probarme a un
club de la provincia de Buenos Aires, me alojé en una pensión familiar, los
dueños eran dos personas mayores. Ella Delia, tenía 57 años y Rafael su marido
64.
Mi habitación estaba en el fondo subiendo una pequeña escalera con una ventana
que daba al patio, era una casa vieja de amplios ambientes y techos altos. La
señora Delia limpiaba mi habitación a diario y cambiaba mis sábanas, también
preparaba la comida muy rica. Por cierto, era una mujer rellena, de 1.67 metros
de altura y pesaría 77 kilos algo de más, pero normales para su edad.
Su cuerpo vestido con batones de entrecasa, dejaban notar los rollos de su
vientre, y sus fornidas piernas producto de haber trabajado duramente en toda su
vida, su ropa interior aparatosa quedaba revelada con sus movimientos, siempre
la miraba mientras almorzaba pues ella se encargaba de la cocina sirviendo a los
pensionados aunque muchos no éramos.
Los partidos se extendieron hasta el viernes, ese día jugué hasta las cinco de
la tarde y al terminar regresé a la pensión para bañarme y descansar, estaba muy
cansado, y así fue que dormí mucho y desperté para la cena, bajé y cené unos
fideos con estofado luego otra vez a mi pieza.
Sólo que comí tanto que durante la noche no tenía sueño y me quedé sentado en la
terraza sin nada que hacer ni que pensar, esa casa vieja poseía claraboyas de
ventilación en los baños que daban a la terraza, fue cuando vi la del baño de
adelante con luz. No soporté la tentación de ver potenciada por el aburrimiento
me acerqué con cuidado y me asomé con cautela dentro del baño amplio azulejado
muy iluminado y antiguo estaba doña Delia solo con una enagua gris y descalza.
Comprendí que estaba a punto de verla en forma íntima y me excitó sobre manera,
la añosa mujer se limpiaba la cara frente al espejo con unos algodones. Terminó
de hacerlo y quitó algunas hebillas de su pelo opaco y corto, lo sacudió sin
muchos resultados, era increíble la veía casi con morbosidad, pero algo me
excitaba, dejó correr el agua de la bañadera, se conoce que tardó en salir
caliente.
De repente se quitó la enagua muy rápido el suave satín resbaló por su piel sin
detenerse solo quedó con un gran corpiño que nada mostraba y una bombacha grande
media metida en un cachete, se quitó el corpiño y aún agachada con sus dos manos
quitó su bombacha blanca.
Lo primero que vi fue su cola y luego se incorporó y vi sus senos era como la
imaginaba sus senos gordos algo caídos y de pezones amplios claros casi sin
punta se movían y se chocaban uno con otros su panza era rolliza blanca y su
cola grande firme con algo de celulitis, sus piernas rollizas también unidas con
sus nalgas, su vagina muy peluda en perfecto triángulo comenzó a bañarse muy
despacio ignorando obviamente que su cuerpo era observado.
Tengo que reconocer que debí masturbarme y lo hice mirándola e imaginando que
estaba a su lado en la bañera, besándola apasionadamente, tomándola por su
vientre y chupando sus pezones de forma indefinida, sintiendo con mis manos el
abundante vello de su vagina y aunque no lo crean lo que más me excitaba era
pensar que mi pene no la penetraba, pero jugaba entre sus nalgas mientras el
agua tibia y el jabón me masajeaban la cabeza mientras le tocaba las tetas sin
dar abasto.
Sin darme cuenta acabé y fue maravilloso aunque me relajé un poco seguí
mirándola como secaba y se ponía el camisón. Les juro que es el día de hoy y
cuando quiero masturbarme siempre aparece ella en mi mente.
Es una historia simple, pero real que por haber estado siempre en mis
pensamiento quería compartirla con vosotros.
Autor: El eyaculador de Miami