Desgraciadamente en esta vida soy un producto que hay que vender, mi arte está expuesto a las conjeturas de unos cuantos expertos que deciden que y como se vende, ellos deciden el precio de un cuadro mío, quien lo compra y que se vende. Seguía la conversación pero ya no mandaba yo, ni si quiera sabia que decía, las preguntas ahora era el quien las hacia y lo peor del caso es que me daba cuenta que ahora el entrevistado era yo. Estaba sumido en mi redacción, los timbres de teléfonos, las carreras de la redacción no iban conmigo, solo quería acabar esa maldita entrevista y olvidar a ese ser despreciable llamado Fernando Escalder, la primera impresión era la valida, nada de lo que había pasado el día anterior era ya bonito, me sentía sucio embaucado. El amanecer fue espectacular en esa habitación que se iluminaba con los primeras luces del día, despertamos amorosamente entre estiramientos y abrazos, después de una ducha caliente tomé un café y salí despavorido a mi casa para cambiarme de ropa y de ahí ir raudo y veloz a la redacción donde tenia muchísimas cosas que hacer ese día. La sesión fotográfica duró bastante poco, entre la maestría del modelo la luz maravillosa que entraba por el ventanal unido a la prisa que llevaba Tom en menos de veinte minutos el asunto estaba concluido, Tom tomó un café con prisas y tras despedirse de Fernando salió escopetado hacia su próxima cita. Fernando nos saludó amablemente a los dos periodistas y dirigiéndose a Tom le pidió que eligiese el lugar mas idóneo para la sesión fotográfica mientras ofrecía algo de beber a sus visitantes. |