Ella me aseguró que nunca había tenido sexo así, me dio miles de gracias y me comentó que no había dejado de correrse desde que se la metí, que habían sido uno detrás de otro, sin descanso como un orgasmo infinito. La visión que tuve fue espectacular, realmente tenía unas muy buenas piernas, bien torneadas y por lo que ya había podido comprobar, muy duritas. Y ella seguía pegada a mi menguante polla, consiguiendo mis espasmos. Se dice que dos no discuten si uno no quiere pero la pasión termina si uno quiere o no pone de su parte, siempre ha sido y será cosa de dos. No, ahora no, quiero que lo hagas tú, mete tus manos y dime como están. Yo siempre he sido una mujer con muchos deseos, deseos escondidos. |