Me llevé sensualmente la pajita a los labios y aspiré notando el tenso silencio que se había hecho a mi alrededor. Me acostumbré a llevar una tanga de repuesto en el bolso porque se me humedecían durante las horas de oficina y necesitaba cambiarme. Limpié con agua las partes mojadas para que no quedara mancha e iba a secarlas con el secamanos de aire cuando Juan entró en el baño. Jaime me ofreció unos pañuelitos de papel, y procedí, lentamente, muy lentamente, a tratar de recoger las gotas derramadas sobre mi barbilla, alzando la cabeza y mostrando mi busto. Sequé como pude la blusa, pero los sostenes estaban húmedos de zumo, así que procedí (pícaramente) a sacármelos y ponerme la blusa sin sujetador. Además, procuraba imprimir en la impresora de color que estaba en la otra punta de la oficina y así dar un buen espectáculo ;) (soy algo traviesa) y Juan… bueno, lo de Juan fue toda una historia. |