Pensé que iba a romper en llanto, pero para mi sorpresa, y seguramente para la de ella, se levantó indignada y me plantó una bofetada que me cruzó la cara. Aprovechando que Sara debía de estar aun dormida, me levanté un poco para estirar las piernas y caminar un poco. De pronto su mirada se nubló. Ya no miraba tanto a Hugo sino a mi cuerpo. Su mano se estrelló contra mis glúteos, que debieron de quedar enrojecidos por el contacto. Yo soy una atractiva empresaria que es dueña de unos laboratorios. |