»Además, no debes temer nada. A diferencia de otras veces en que todo lo vivido en el sueño me resultaba clarificador al momento de despertar angustiado y a medida que pasaban los minutos todo se desvanecía y era incapaz de retener las imágenes borrosas que habían aparecido en mi sueño, esa mañana la imagen de Disenk que había aparecido claramente en la pesadilla seguía nítida en mi mente. ―Sabes quien soy? Te conviene obedecerme…―Claro que sé quien eres, y qué… no estás en disposición de mandar que me azoten, ahora eres como yo pero con una gran diferencia. Estaba un poco triste porque no le había dado su hoja de Cadmia para que se recuperase de su servicio de letrina, pero no olvidó las formas y se arrodilló para besar mis polvorientas botas. De todos modos al día siguiente no podía desatender mis obligaciones en Palacio. Prefería que lo humillara yo antes que enfurecer a su esposa y a la hermana de ésta. |