Ingrid iba a darle un puñetazo, pero no pudo, sus ojos se llenaron de lagrimas y rompio a llorar, se abrazó a su hermano diciendo que lo había encontrado por fin. Saintblood puso la mano en su mochila y sacó un recipiente que contenía un corazón en un fluido nutriente. oye pibe, ¿estas seguro de eso? Es un suicidio entrar ahí – decía el copiloto, un hombre vestido con un traje lleno de cables y sensores y acento argentino. Saint se acercó a la puerta, sus guardias al ver el rifle sacaron sus pistolas, pero Saint, usando sus ciberopticos conectados a sus armas, apuntó a los guardias y les agujereó la cabeza para después entrar. Ingrid se acercó cabizbaja a su padre, el cual la cogía suavemente por el brazo, a medida que avanzaban al altar, su padre decía. Sus dos únicas armas eran las malorians, cargadas y listas para disparar, Ingrid estaba quieta, esperándole. |