Esta es nuestra historia. Ella volteó para yo pudiese ver la mercancía; se sonrió, giró hacia mi esposo y hundió la mano en su bragueta en un gesto que, analizándolo hoy día, resultó una especie de despedida; un ir cada una a sus asuntos. Nunca. Lo cierto es que Carlos me llevaba al cuarto a la fuerza y nunca nadie me había tratado así. Me paré frente a ella y con delicadeza la tomé por la cara. En ese preciso instante comenzó a bajar el flujo que luego inundaría todo mi sexo, los labios, el clítoris, y parte de mis piernas. |