– me dice con seductora sonrisa. y más o menos, todo el ambiente poblado de animada concurrencia que pasa sus vacaciones de invierno en la más absoluta despreocupación. Gonzalo me da la mano y me conduce hacia el interior, corriendo una cortinita que separa la cabina de la parte de atrás del vehículo, totalmente cerrada y protegida de cualquier mirada externa. Respira, traga saliva, espera un rato con los ojos entrecerrados y luego exclama:Debo regresar. ¡Ah, qué bellísimo culo!, pienso mientras lanzo una contenida exclamación al ver semejante exposición Es perfecto: nalgas redondas, peludas, firmes, generosas. Entonces me desajusto el cinturón y me voy desabrochando la bragueta botón por botón, muy lentamente y siguiendo el jueguito. |