¡Salud, ese!¡Pues salud! – y bebimos una cuba más, platicando del futbol, de la música, de las batallas por el barrio; hasta que, pasados unos minutos, él regresó a lo mismo. Yo buscaba temas de conversación y, tarde que temprano, Pedro regresaba con aquello de que terminara de cambiarme. La bronca era que no querías hacerla de mujer, pero ahorita estás vestida, de mujer. Anda, ¿que no quieres ser poseída por un hombre, como toda mujer? Considera que no lo he hecho desde hace un mes. A cada paso sentía la textura de las pantaletas y de las pantimedias rozando mi piel, ahora hipersensible. ¿Qué no te acuerdas que me ibas a enseñar?Sí, ahora recuerdo. |