Es cierto que tenía algo de tripa pero no desentonaba para nada con el resto del conjunto. Volvía a descansar a su lado. La verdad es que me dio un poco de vergüenza y hasta me debí poner colorado. Me encantaba estar con las dos, pensando a cual me tiraría primero, ¡claro de tener una oportunidad con la madre!Luego se fue a echar la siesta, yo le dije si Luisa se podía venir conmigo a jugar a la consola, ¡y no le importó! Así que nosotros no echariamos siesta, eso seguro. Luego me giré y saqué mi pene y se lo puse en la mano intentando que lo moviese, aunque no pareció entenderlo y tuve que ayudarla. Luisa, ¿quieres tocarme el pito, sí?Luisa se rió y volvió a señalarlo y ha decir pito. |