Mi polla entraba y salía como pez en el agua, o mejor dicho, como polla en el chumino de su madre, era una delicia y las clavadas cada vez se hacían más y más vigorosas, aunque sus nalgas amortiguaban todas las embestidas. La silicona hace milagros, estaban duras y prietas, su piel tersa y fina, su olor bronco y profundo, exudaba y liberaba olores que te embriagaban, pero cuando con mi lengua le atrapé sus pezones, ahí señores, ahí toqué el cielo. Mientras se corría toda un retahíla de insultos salían de su garganta: cabrón, hijo puta, pervertido, degenerado, como jodes cabrón, que hijo puta eres, la de incestos que vas a chuparte cabrón. Iba sin bragas, de modo que todo su chochamen quedaba a la vista. La próxima semana quiero que pases por casa para echarnos otro polvo, y a la siguiente lo mismo. Mientras se corría toda un retahíla de insultos salían de su garganta: cabrón, hijo puta, pervertido, degenerado, como jodes cabrón, que hijo puta eres, la de incestos que vas a chuparte cabrón. |