Varios camareros trajinaban de aquí para allá, portando copas de champán en grandes bandejas plateadas. De súbito, el hombre, en un alarde de resistencia, aceleró el ritmo para consumar su orgasmo; se movía con tanta rapidez que dejaba una trepidante estela de color a su paso. Por ejemplo, la Merche tiene unas perolas que no caben en ningún sujetador, pero la Susana. Había dos gemebundas parejas practicando posturas sexuales inusuales más propias de contorsionistas que de parejas ordinarias, con las que debían de retardar considerablemente el orgasmo, en el supuesto de que acabaran alcanzándolo. Uno de los componentes estaba obligado a sumergirse por completo en el agua, lo que le forzaba a aguantar la respiración. Allí se había formado un grueso corro de personas (en su mayoría ataviadas con el nuevo traje del emperador) que jaleaban con aplausos a alguien que ocupaba el interior. |