Un besito,Lydia. Empezó a juguetear con una, pasándola y repasándola por encima de las bragas –no era un tanga, pero sí una de esas bragas que se pegan a la piel sin una sola arruga: blancas y sexys. Querida, eres la hostia. Dio un respingo al notar el contacto del blanco potingue, pero no quise que esa sensación le durase demasiado y, presuroso, acudí a la llamada de un sexo abierto, que cargado de nata, fue abordado por mis labios, por mi lengua y creo que hasta por mis dientes. Aquello parecía no terminar nunca, enlazando una canción tras otra –ya me conozco la capacidad de memoria de estos trastos. Tengo que enterarme si son las que usan en Guantánamo. |