Tenía unas tetas no demasiado grandes pero bien puestas y firmes. Las mujeres más cercanas a mí, mi madre y mi hermana, siempre decían que no estaba nada mal de cuerpo. Sentí una extraña sensación cuando me crucé con ella, algo así como una especie de enamoramiento que más bien era calentura por la belleza de aquella mujer. Ahora no estaba tan maquillada como por la mañana y se le notaba algo más su madures, pero estaba tan preciosa como siempre. Su cara aparentaba más edad que Maite, pero todo en mi madre era natural, nada operado. Cogí el mando del televisor e hice como que buscaba algún canal. |