Esa noche salimos juntos a cenar y tras la cena nuestras madres se quedaron viendo la tele en su casa, yo conseguí llevarme conmigo a Luisa a la mia para jugar a los videojuegos y quedaron conformes. Eso unido a su colonia y yo me derretía por sus huesos. No podía evitar dejar de mirarle las tetas y su sujetador blanco bajo la tela, creo que ella se dió cuenta más de una vez aunque no paraba de sonreír y no pareció molestarle. Luisa, ¿quieres tocarme el pito, sí?Luisa se rió y volvió a señalarlo y ha decir pito. Era mi invitada, ¿cómo no?, que miraba mi pito mientras lo señalaba y riéndose decía: tu pito. Al día siguiente eché en falta a mi vecina así que fuí yo a visitarlas y nos fuimos los tres al centro. |