La iluminación es perfecta. Significa que no deben hablar hasta que alguien les dirija la palabra, ni expresar ninguna preferencia o deseo. Otros sí lo hacen. Mi interés no solo radicaba en el placer de escoger lo que me gustaba entre los novatos (aunque reciban una instrucción privada, no dejan de ser unos novatos hasta que nosotros los formamos), sino en lo excitante que resultan esas subastas en sí mismas. Parecen dioses y diosas, apeándose de sus lujosas limusinas negras aparcadas frente a la puerta y exhibiendo el último grito en materia de moda: unos vaqueros deshilachados, una camisa de algodón abierta hasta el ombligo o una blusa de seda con un hombro al descubierto que parece a punto de caerse a pedazos. Los he observado en numerosos lugares, desde el pequeño y sucio pabellón en el Valle de los Reyes, en Luxor, la terraza del Grand Hotel Olaffson en Puerto Príncipe. |