Déjame subir encima tuya Papi. Sus labios carnosos hacían maravillas en mis terminaciones nerviosas responsables del placer. Por la posición en que estábamos Marta no se dio cuenta, pero Elena lo vio claramente, sin pensarlo apagó el dvd. Marta… Marta… eso no… dije titubeante, pero Marta no estaba dispuesta a hacerme caso, entonces me dio un beso en la punta del glande, otro más pero más abierto, y un tercero, y así poco a poco noté como los labios de mi hija se deslizaban desde la el inicio de mi polla hasta su base. Y entonces comenzó la película. ¿No vas a seguir viendo la peli? Me preguntó Marta dejando el otro tema de lado. |