Le tomé el Mouse de su mesa y me acomodé sobre ella para irle explicando mientras su mirada saltaba de la pantalla a mis pechos. Pronto tuve que empezar a ser yo quien se impusiera a ello y acabar con aquello de los postit en mi mesa y que me enviaran las peticiones por mail (aunque Don José todavía seguía con los postit), pero eso fue sencillo en cuanto empecé a manejar… la minifalda! Para cada uno de ellos lo más importante eran sus contratos/contactos/citas, y eso debía pasar por encima de las de sus compañeros, así que tuve que empezar a poner orden e incluir procesos de trabajo. Apareció Don José, un hombre maduro, con algo de barriga y bigote. La mayoría eran comerciales, de verbo fácil y simpáticos, por lo que rápidamente querían llevarme a tomar un café y… hacerme el amor en el ascensor! Pero bueno, el primer día no podía aceptar, tenía demasiadas cosas por aprender todavía, debía situarme y… pero no paraban de rondar por mi puesto de trabajo (pese a que estaba en una de las puntas de la oficina) y ofrecerse a ayudarme mientras perdían su mirada en mi escote (y eso que no era nada espectacular!). Eso me excitó, su olor y proximidad no me resultaban desagradables (a su cincuentena se conservaba bien, pese a la barriguilla incipiente ;). Finalmente colgó y me pidió disculpas por la espera. |