Es más, le encanta. — ¿Querías güevo putica? —, me preguntó. De cerca, a escasos centímetros del miembro, pude apreciar lo grande y grueso que era. La membrana que escasamente divide el ano de la vagina, deja que tanto de un lado como de otro se sienta el bombeo, y dispara un sinnúmero de emociones que si las mujeres que leen estas páginas no lo han probado, no existe forma de que yo se los pueda explicar. Yo me inclinaba lo suficiente como para que pudiera observar mis senos mientras me hablaba, y jugaba con la liga de mis pantaletas para soñara con lo que estas guardaban. Aunque menos grueso que el de Alberto, medía como mínimo veintiocho centímetro. |