Yo había fantaseado en muchas ocasiones con hacer un trío en donde mi esposo me viera besando o acariciando a otra mujer, y sabía lo mucho que a él le habría gustado eso. Inclusive, viéndolo desde un espejo que había en la sala, daba la impresión que debajo de mi sexo tenía un par de bolas y nada más. Felices de probar algo que muchas parejas quieren, y hasta fantasean con ello, pero que muy pocas llegan a hacer realidad. Una y otra, las embestidas que al principio eran suaves y calculadas, pasaron a ser rudas; donde la base del pene se unía con el vello púbico de Helena, y donde los testículos chocaban con el ano en cada empuje de cadera. Por mi parte la impresión no podía ser mejor. Yo lo deseaba dentro de mí. |