Entonces volví a escuchar de nuevo la puerta de Maite. Los observé desde el balcón cuando marchaban en el coche de viaje. Nunca me hubiera imaginado que mi madre fuese capaz de engañar a mi padre… pero los ruidos eran evidentes, allí arriba habían estado follando… de eso estaba casi seguro. Aquel beso me pareció que más que agradecimiento indicaba que aún podía tener esperanzas con ella. La imagen de mi madre mamando y de Maite que sacaba la leche de él de su coño me volvió a excitar y aceleré las caricias que me daba en el pene y descargué mi semen en un trozo de papel que había preparado. ¿Te has hecho daño? – preguntaba mi madre. |