Un gemido escapó de mis labios. Lo encontré grande y erecto, un orgasmo me hizo rechinar los dientes mientras mi cabeza se vencía hacia atrás y me mordía la lengua para no gritar de placer. Reviví diversos momentos de mi último polvo mientras mis dedos jugaban con mi hendidura y mi clítoris, en pocos segundos me corrí dulcemente. ¿A que hora te espero? preguntóRecordé que por la tarde venía Q a casa, era el gran día, no sabía que decirle…Solo puedo por la mañana, por la tarde es imposible – le contestéYo no puedo por la mañana, queremos terminar la tienda, ¿te parece pasado mañana por la tarde? Suspiré interiormente, un problema menos, me puse hasta de buen humor. Un sentimiento de vergüenza me llenó, ¿hasta que límites estaba llegando?, el sexo se estaba convirtiendo en el centro de mi vida y yo no podía o no quería evitarlo, miré a mi hija mientras algunas lagrimas escapaban de mis ojos, ¿qué me había hecho Q?, ¿en que me había convertido?, ¿por qué algo que antes me gustaba y disfrutaba ahora se había convertido en una obsesión?, miles de preguntas me asaltaban y no tenía respuestas, pero una sobre todo me asustaba… ¿sería capaz de salir de la espiral en la que me estaba metiendo?. Caminé hasta un pequeño parque y me senté las piernas apenas me sostenían, sentía un intenso ardor en mi sexo y mi vientre temblaba sin control. |