Con ayuda de ambas manos y ante su mirada desesperada lo desnudé. ¿Casualidad o causalidad?. Volví a cambiarme de ropa acorde a la situación. De repente me doy cuenta que me había quedado embobada mirándolo y no lo había hecho pasar…Abriendo un poco más la puerta lo invité a entrar, disculpándome por mi apariencia. Con mis últimos movimientos desaforados mordiendo el labio inferior, me vinieron varios orgasmos seguidos que no pude contabilizar. Mientras tanto con el dedo índice de la otra mano me frotaba el clítoris que ya asomaba por completo de su capuchón por la gran excitación. |