No nos dimos tiempo ni siquiera a ver la estancia, lo único que nos interesaba era la cama y hacia ella nos dirigimos. Yo volví a dirigir mi mano a la entrepierna de mamá, me hice un pequeño hueco entre sus bragas y le metí el dedo en su chochito. No podía ni imaginarme el chocho que calzaba mi madre. Yo, casi mecánicamente y desde luego sin pensar lo que hacía, le metí mano, pero a partir de ese momento las cosas se enredaron. Así lo acordamos y así lo hicimos. ¿Qué te ha dicho? Me preguntó mamá mientras nos dirigíamos a la habitación. |