Me quito la camisa y me empezó a lamer el cuello, mordisqueándome la oreja, y acariciándome el pecho deteniéndose en mis pezones, que se encontraban erectos como dos flechas. Esa noche me calenté pensando en lo que había estado pegado a mí, y fue tal mi excitación que me tuve que calmarme con una buena paja, soñando que me estaban palpando distintas manos desde mi culo hasta mi entrepierna. Me quede pensativo un instante y no dudando le dije Ok. Cierto día se sitúo detrás de mí un hombre de unos 40 años, que en un principio no me percate de su aspecto, pero automáticamente note que algo duro se situaba muy pegado a mí y empecé a intuir que eso no era normal, aunque no tuve demasiado tiempo a pensar, pues solo había dos paradas desde que me montaba hasta llegar a mi destino donde apearme. Me quito la camisa y me empezó a lamer el cuello, mordisqueándome la oreja, y acariciándome el pecho deteniéndose en mis pezones, que se encontraban erectos como dos flechas. Al cabo de un rato apareció Joan con un pantalón vaquero tipo pirata y una camiseta blanca ajustada que podía intuir sus pectorales y vientre plano. |