Apoyé la cabeza en el hombro de Jorge y éste pasó su brazo por encima de mi hombro recogiéndome como si fuerámos dos enamorados. Estaba bien comunicado y la habitación tenía vistas al mar y estaba rodeada de pinos. La luz del baño estaba encendida y la puerta levemente abierta. Con las toallas al hombro nos dispusimos a gozar de nuestro primer baño. Observé con satisfacción como las miradas de más de un hombre e incluso de alguna jovencita se quedaban fijas en mi desnudo cuerpo admirando mis duras tetas apuntando hacia delante. Estuvimos callejeando unas dos horas hasta acabar en un pequeño y escondido bar donde tomamos unas refrescantes cervezas. |