Tranquilo, cuando lo encuentres te vienes y lo aclaramos, le dije irguiéndome, dándome la vuelta y… cayéndoseme los papeles, me agaché a recogerlos mientras le daba un perfecto espectáculo de mis nalgas en frente de su cara y mi olor nos envolvía a ambos. Después traté de secar la blusa, pero sólo conseguí esparcir más las gotas y empapar la zona de mis pezones. Vaya estropicio, comenté mientras le sonreía. En el trabajo era eficiente y realmente les implanté un orden, pero a la vez era un entorno de excitación constante. Los pezones se me marcaban sobre la tela humedecida y parecía que fuese desnuda, más todavía, si no llevara nada no habría misterio, así era todavía más excitante. Sorbí con ganas el zumo, y al separar los labios derramé algunas gotas, que fueron a parar a mi barbilla y sobre la blusa. |