Me deslicé sutilmente mientras pude, hasta finalmente hundirme del todo, arrancándote ya no un gemido sino un pequeño grito. Seguías vestida y yo deslicé mi mano dentro de tu escote, atrapando tu seno, apresando tu oscuro pezón. Me responderás con un beso, un beso prolongado y ardiente bajo el tibio sol, en una esquina maravillosa. Pediremos la cuenta y al salir me darás la mano. no debo, se que no debo, me decía una vocecilla. A dos pasos te quitaste body y bra, negros como mi conciencia, y te acariciaste los pechos para mi. |