No sé de cuantas formas llegamos a follar, pero esa tía me enseñó algunas que yo ni siquiera sabía que existían…para que luego se diga de los profesionales: boca abajo, de pie, sobre la alfombra, sobre la mesa, debajo de ella… Aquel coño era succionador, sacaba en cada embestida toda mi energía y no era yo el que se la follaba; sino evidentemente, ella a mi, así, sin miramientos, ordenando cada postura, dejándome sólo como mera herramienta de placer, aunque, todo sea dicho, gocé tanto o más que ella…Después de haberme exprimido como un limón, a la bruja aún le quedaban ganas de marcha. Para entonces yo ya no tomaba ningún tipo de decisión, o mejor… creo que en ningún momento tuve yo las riendas de nada… pero el caso es que, obedeciendo cual gatito, solté los corchetes de su sujetador para lamer directamente unos pezones grandes y rosáceos, como pocas veces he visto, y acabados en punta. Me desvío… me desvío… perdonen ustedes… decía, que estaba dándole el último vistazo al editorial, cuando saltaron las alarmas de mi interior y es que como buen currante que se precie, uno tiene que estar atento a todo vestigio femenino que se aproxima… cuando hizo su aparición una elementa de las que llaman la atención. N. De paso, me ahorro mi descripción física, impresionante condición física casi tanto como mis dotes intelectuales, por lo que tiendo a ser modesto al respecto. ¡Los cojones! La tía, con los tacones acuchillando la moqueta y la punta de la bota derecha marcando el compás, me tuvo moviendo el culo más de media hora. |