Me ordenó que quería que le atalajase dos esclavos a su pequeño carro de paseo. Yo no era su única pupila, cuando terminaba las tres horas diarias conmigo se ponía a las órdenes de otra muchacha que aspiraba también a entrar en el Jardín de los Sueños pero a diferencia de mí esas jóvenes eran hijas de la nobleza y tenían una educación que yo no tenía. Nos servirán. Dos esclavas nos servían licor de higos y pastas y mientras comíamos charlábamos. Ataviada con sencillez parecía cualquiera de las numerosas guerreras que servían en su ejército, un ejército formado mayoritariamente por varones pero en el que tenían cabida aquellas hembras que se sintieran llamadas por la pasión de guerrear. Esperaría noticias de Tajura. |