Mientras hablábamos recordé como en escasos meses había cambiado la mía y me estremecí, en ese mismo momento mi coño rezumaba jugos después de que me hubiera follado un perfecto desconocido y al día siguiente mi cuerpo iba a estar a disposición de mi esposo y de uno de mis amantes; sentí como mi vientre temblaba y mi coño se humedecía, estaba totalmente ausente, oí la voz de mi hermana:Daría cualquier cosa por saber que piensas… seguro que nada bueno. Hasta mañana – me despedí. Sin decir una palabra le cogí de los testículos y, suavemente, le arrastré a nuestro dormitorio, le empujé y cayó en la cama, me miraba con deseo. Me senté en un banco presa de una calentura asfixiante, miré a derecha e izquierda y al ver a nadie abrí un poco las piernas y subí mi falda; pronto una de mis manos subía por mis muslos buscando mi ardiente vagina, aparté la chorreante braguita y con dos dedos busqué el clítoris entre los mojados vellos que se pegaban a mis abultados labios vaginales. Estuvimos bromeando sobre la calidad y frecuencia de nuestras respectivas relaciones sexuales y noté como ella se entristecía un poco, toda la familia conocía que su matrimonio pasaba por serias dificultades y, seguro, que su vida sexual no era muy satisfactoria. –No se como había bajado mi braguita hasta medio muslo y sus dedos recorrían impunemente mi raja. |