No sé cuantas veces tratamos de preparar nuestro encuentro real, ese que nos acercaría para siempre, el que nos permitiría, además de leernos, además de imaginarnos… de sentirnos, también para cruzar nuestras miradas de una vez por todas. Han sido muchas las sesiones de sexo desenfrenado, hasta llegar a un orgasmo ocultado, desde nuestra atalaya encubierta, para no ser escuchados y desbordar nuestras sensaciones con teclas que eran devueltas con más ardor desde el otro lado de la línea. Mi ventana siempre te esperaba anhelante y tú siempre la abrías descubriéndome un nuevo punto que era algo parecido a un resorte de excitación, cuando mis piernas temblaban, cuando mis labios se dilataban, cuando mis pezones se endurecían. No sé cuantas veces tratamos de preparar nuestro encuentro real, ese que nos acercaría para siempre, el que nos permitiría, además de leernos, además de imaginarnos… de sentirnos, también para cruzar nuestras miradas de una vez por todas. Nuestros cuerpos hervían, cegados por nuestra unión virtual, para hacerla casi, casi tan real, como si estuviéramos literalmente tocándonos, lamiéndonos, atrayéndonos… tal y como lo describíamos en nuestros mensajes calientes. Y ese juego, nos hacía libres… vivos y especiales. |