Hasta pensé que quizás me lo había roto. Ya habíamos cenado pero aún seguíamos bebiendo del exquisito vino, un Cabernet Sauvignon, aunque mi cultura alcohólica siempre ha sido nula. Su falo liberado saltó como un resorte. De pronto noté que su mirada se perdía sin disimulo a la altura de mis pechos… se ve que en un descuido el lazo de la bata se aflojó, o en el apuro de vestirme no la ajuste lo suficiente (esa es la única contra que tiene la seda) y se había abierto más de lo debido dejando escapar sutilmente mis rozados pezones fuera de ella… Con la rapidez que caracteriza la desesperación de el incidente y con mis mejillas prendidas fuego me cubrí y ajusté el lazo … Sin promediar palabra, dándose cuenta que me había puesto nerviosa, se dio vuelta y continuó en lo suyo. Ese fue sólo nuestro primer encuentro sexual, y el inicio de una relación que lleva poco más de un año. Con ayuda de ambas manos y ante su mirada desesperada lo desnudé. |