Me sentía muy nerviosa, e incluso una extraña sensación que jamás la había sentido, hasta notaba mis braguitas húmedas pero ignoro sí era motivo de placer o de orina causada por los nervios. Nada más levantarme, pegué mi desatascador en el suelo de manera que estuviera en un lugar limpio y amplio, al tiempo que me coloque sobre este acabando por arrodillarme lentamente, pues temía que me pudiera producir daño (joder, es muy frió meterte algo sin vida). No era por ser de mal agüero, pero el haber salido demasiado temprano de esta no pintaba nada bien, por lo que camine en dirección a la Campana más por poder hacer tiempo, llamando mi atención de nuevo un cartel indicador, el cual indicaba el sex show del pasaje, mi primer pensamiento fue continuar caminando más por idea de acercarme a una tienda de lencería, ya sea la que esta en la Plaza del Salvador o la de calle Franco (Lencería Domínguez, es donde suelo ir e incluso a día de hoy día). Teniendo que saltar sobrecogida al apagarse la pantalla, pidiendo está que insertará otra moneda sí quería continuar, obviamente eché rápidamente varias monedas más, continuando disfrutando haciéndome un dedo. Recuerdo que dirigí una de mis manos temblorosa y sudorosa hacia uno de ellos, al tiempo que por el rabillo del ojo me di cuenta que un hombre se dirigía hacia donde yo estaba. Después de varias horas de embestidas vaginales y alcanzando varios orgasmo, me lo saque para repetir lo mismos pero ahora por mi orificio anal, hasta quedarme de lo mas satisfecha de mi silencioso y servicial amigo. |