Pero eso sí. Pues sí que nos ha salido barata la carrera – dijo de repente Natalia, mientras se limpiaba un espeso pegote de semen de la cara con los dedos y lo contemplaba atentamente. Insidiosos impulsos asaltaban mi miente y os juro que me costó verdadero esfuerzo no abalanzarme sobre sus esculturales nalgas y morderlas con ganas, así de buena estaba. Madre mía, follarme aquel chochito, mientras su dueña se sujetaba como podía a la puerta del taxi, con una morenita adolescente chupándome los huevos es lo máximo que puedo esperar de la vida. A medida que dejábamos atrás la zona de marcha (y por tanto disminuía la probabilidad de atropellar a algún capullo borracho) mis ojos se apartaban con mayor frecuencia de la calzada para atisbar por el retrovisor. Deseando probar las mieles de su intimidad, enterré mi lengua entre los labios vaginales que la chica tan gentilmente me ofrecía, descubriendo que su sabor era distinto del de su amiga, pero también absolutamente delicioso. |